A 9 años de la muerte de Nisman: la pista Zanchetta, el pago de los “buches” y la inteligencia del Ejército.

En la noche del 18 de enero de 2015, el fiscal de la causa AMIA, que había denunciado a la entonces presidenta Cristina Kirchner por encubrimiento a Irán, apareció con un balazo en la cabeza en su departamento de Le Parq. Para la Justicia fue un homicidio que ocurrió en la noche del 17 y la mañana del 18. Cómo avanza la causa.

ACTUALIDAD 17 de enero de 2024 Karukinka Noticias Karukinka Noticias

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“Aca ninguno juega a decir la verdad”. Se trata de una certeza que manejan los investigadores de la muerte de Alberto Nisman, el fiscal que apareció con un tiro en la cabeza en el baño de su departamento cuando se preparaba para ir al Congreso a exponer las pruebas por las que terminaba de denunciar a la entonces presidenta Cristina Kirchner por encubrir a Irán, a través del Memorándum que se había firmado con ese país dos años antes. Esa sensación de oscuridad surge después de escuchar durante tres años a agentes de inteligencia, de todos los escalafones, cuando se los consulta por el entretejido que se vivía en la SIDE devenida en AFI en momentos en que Nisman aparecía, según la Justicia, asesinado. La certeza que dejó el desfile de espías es una sola y sin matices: a Nisman lo estaban siguiendo desde mucho antes de su muerte, según revelaron a Infobae fuentes judiciales.

Fue por eso que la causa tuvo un sobresalto en los últimos meses del 2023 con la aparición de Ariel Zanchetta, el ex policía preso por espiar a jueces que, para la fiscalía, es un agente inorgánico que manejaba información sobre el caso Nisman. Esa información, que hoy a nueve años parece obvia, al momento en que el sospechoso la escribió exhibía un grado de conocimiento del mundo del espionaje que a los investigadores judiciales les costó mucho tiempo construir y evaluar.

El misterio Zanchetta se instala entonces en la causa Nisman. ¿Cuántos otros Zanchetta existían en el mundo de los inorgánicos? “Inorgánicos no teníamos. Lo que teniamos eran buches”, admitió Héctor Icazuriaga, el ex vicegobernador de Santa Cruz que manejó la Secretaría de Inteligencia durante más de una década en la gestión kirchnerista. “Gente a la que se le pagaba por información”, definió.

¿Quién pagaba a esos buches? ¿Con qué fondos? ¿Desde que andamiaje legal? Es algo que ahora buscará desentrañar la fiscalía de Taiano, con la citación de empleados de la central de inteligencia que pertenecían a las áreas contables y legales del organismo, señalaron fuentes consultadas por Infobae. Los investigadores buscarán reconstruir esa cadena de pagos a través de los fondos reservados de la AFI.

El desfile de los altos jefe de la AFI que declararon como testigos en la causa también quedó claro cómo el Gobierno de Cristina Kirchner había delegado tareas de inteligencia, propias de la AFI, en manos del Ejército, que conducía César Milani. Esa decisión la ubicaron después de la firma del Pacto con Irán.

En ese juego de espías, un dato no pasa inadvertido por los investigadores que siguen tratando de encontrar respuestas sobre la figura de Diego Lagomarsino, acusado como partícipe necesario del homicidio por haber prestado su arma al titular de la UFI AMIA. Entre los investigadores recuerdan el testimonio de Marcelo Sain, ex jefe de la PSA, que en su declaración en la causa señaló que en 2005 se había ido ofrecer como servicio a la fuerza.

El técnico informático, que había llegado a Nisman a través de un amigo en común -Moro Rodríguez, un hombre de inteligencia-, niega desde el principio esas versiones. ”Sin ningún tipo de pruebas, dicen que fui agente. Nunca fui agente, obvio”, repite. Y afirma una y otra vez su hipótesis en esta historia: Nisman se suicidó.

A nueve años de la muerte de Nisman, los principales acusados son Lagomarsino y los cuatro custodios de Nisman que estuvieron con él ese sábado 17 de enero y el domingo 18 de enero de 2015, según la investigación que comanda el fiscal Eduardo Taiano, a quien el juez Julián Ercolini le delegó la instrucción. El cadáver de Nisman fue encontrado en la noche de ese domingo, después de más de doce horas en donde el fiscal que había hecho la denuncia más importante del país no había dado, literalmente, señales de vida. Los diarios habían quedado tendidos frente a la puerta a primera hora. No contestaba los mensajes.

Fue la madre de Nisman, Sara Garfunkel, a quien fueron a buscar especialmente, la que llegó a última hora de ese domingo a Le Parq, después de no poder abrir la puerta del departamento, y que dio aviso a emergencias. “Yo vine acá y está muerto. Está lleno de sangre el baño. Está tirado en el piso”, dijo.

Según el peritaje que hizo Gendarmería, su muerte se produjo a las 2:46 del domingo 18 de enero de 2015. La Justicia no lo dio por cierto, pero estableció que sucedió entre la noche del sábado y la primera mañana del domingo. La escena del crimen se transformó en un desfile de testigos y funcionarios. Por esas irregularidades, hay otra causa en donde se acusó por encubrimiento a la ex fiscal Viviana Fein, al juez Manuel De Campos, al ex secretario de Seguridad de la Nación Sergio Berni y al ex jefe de la Policía Federal, Rubén Di Santo, entre otros.

La causa principal sigue sin encontrar a los asesinos. Pero desde hace tiempo las respuestas se buscan en el mundo de la inteligencia: está claro que el objetivo es avanzar en la investigación por la muerte, pero hay un un escenario antes y después de ese final que necesita explicarse para poder responder a los interrogantes.

El espionaje en la fiscalía de Fein

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Los investigadores tienen acreditado que después de la muerte de Nisman, hubo una orden desde la cúpula de AFI, que conducía Oscar Parrilli, para hacer inteligencia en la fiscalía de Viviana Fein, quien llevó la causa durante el primer año del caso hasta que pasó a la justicia federal. Así lo confirmaron muchos de los agentes que desfilaron por la fiscalía. Pero lo ratificó un peso pesado: Fernando Pocino, ex espía de la SIDE, quien afirmó que la orden la había dado Parrilli.

En diciembre de 2014, Cristina Kirchner había echado a la cúpula de la Secretaría de Inteligencia, enojada por lo que creía era una avanzada de Comodoro Py en contra de su gobierno. Se fueron así el número 1 y 2 de la central de espías -Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher- y fueron reemplazados por el hoy senador Oscar Parrilli y el ministro de Justicia y Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires Juan Martín Mena, respectivamente. A los pocos días, se confirmó la renuncia del director de Contrainteligencia, Antonio “Jaime” Stiuso, el espía más famoso del país a esa altura y uno de los funcionarios que trabajó codo a codo con Nisman.

De las declaraciones de los espías, muchos apuntaron al rol de Parrilli. Uno incluso detalló cómo le había ordenado ir a la marcha de los paraguas, la que organizaron los fiscales a un mes de la muerte de Nisman. La orden era saber quiénes habían ido entre políticos y funcionarios judiciales. Y hasta recordó una discusión con el entonces jefe de la AFI sobre cuando le pasó la estimación sobre cuántas personas se habían movilizado.

Según reconstruyeron en el expediente, la justificación que dieron los espías sobre el espionaje sobre la fiscalía de Fein era que querían encontrar a Stiuso. “Pero es evidente que no había una orden legal para dar con Stiuso. Y que además cuando supieron dónde estaba Stiuso, siguieron vigilando los movimientos de la fiscalía de Fein. Entonces no era Stiuso”, dicen los investigadores. Sobre Fein también recolectó información Ariel Zanchetta.

La pista Zanchetta

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Ariel Zanchetta es un extraño personaje que desde hace seis meses está preso acusado de haber espiado a un grupo de jueces de Comodoro Py y la Corte Suprema, tal como reveló Infobae a lo largo del 2023 con los detalles de esa causa. Ex policía de la Federal, Zanchetta se movía diciendo ser periodista. Así justificó las búsquedas en bases de datos de los nombres de numerosos jueces, fiscales y funcionarios judiciales, además de artistas o políticos. Pero el juez Marcelo Martínez De Giorgi, junto al fiscal Gerardo Pollicita (que hasta diciembre pasado intervino en la causa) avanzaron sobre Zanchetta porque el mismo día que había hurgado en SudamericaData los datos de Mariano Borinksy, al camarista de Casación le hackearon el teléfono. Fue allanado y detenido. Y se le secuestraron todos sus celulares y dispositivos móviles.

Ahí la investigación despuntó un nuevo escenario: según Pollicita, Zanchetta es un agente inorgánico de la AFI que reportaba, en forma directa, para al menos tres espías de la central de inteligencia, que le encargaban “trabajos”. Pero entre sus documentos tenía un informe clave sobre la muerte de Nisman. ¿La información que tenía en su teléfono cambia la causa? No, pero a los investigadores les llevó años reconstruir el mapa de espías que Zanchetta manejaba apenas unos meses después de la muerte de Nisman.

En ese informe, Zanchetta hace un “parte de información” en el que alude a las vinculaciones del ex jefe del Ejército César Milani y de los ex directivos de la central de espías Fernando Pocino y Antonio “Jaime” Stiuso, quien había sido desplazado de su histórico rol en ese organismo a fines de 2014 con la reconversión de SIDE a AFI que ordenó la entonces presidenta Cristina Kirchner. Hablaba del “cúmulo de fallas” que se registraron en la seguridad del edificio Torres Le Parc de Puerto Madero y mencionaba a agentes y empresas y a un grupo de hackers. “La clave está en las comunicaciones” que cruzaron el fin de semana en que apareció muerto Nisman, decía.

¿Qué rol tenía Zanchetta para tener tan buena información, con nombres de agentes que nadie tenía bajo ningún radar? Incluso uno que trabajaba temas informáticos y que rondaba el fin de semana la zona de Le Parc. La explosión de llamados que se registró ese fin de semana, detectada por Fein en los primeros tiempos de la causa, develó un entramado de llamados entre Parrilli, titular entonces de la AFI; el hoy ministro de Justicia bonaerense Juan Martín Mena -número 2 en la central de espías-; el ex jefe del Ejército César Milani y quien era el titular de la Policía Bonaerense, Hugo Matzkin, entre otras personas.

En los tribunales los testigos dan tres justificaciones para ese entramado: el robo de un misil en las afueras de La Plata ocurrido el jueves 15 de enero, los problemas de la seguridad del superclásico entre River y Boca, que debía jugarse en Mar del Plata y el dato que había publicado ese domingo 18 el diario La Nación diciendo que Nisman acusaba a un agente de la AFI en la denuncia contra Cristina Kirchner. Esa persona era Alan Bogado. El organismo también negó que fuera un agente de la AFI. Tiempo atrás Stiuso lo había denunciado por hacerse pasar como tal. Pero de las escuchas que analizó Nisman a la hora de denunciar, también se veía que se trataba de una persona que tenía acceso a información privilegiada. Otra vez la duda sobre el rol de los “inorgánicos”.

Los investigadores buscan ahora acceder al contenido de los dispositivos de Zanchetta. Pero sin analizar sus equipos, los instructores llegaron a otro dato, objetivo, de los datos que ya tienen y que también busca respuestas: este agente inorgánico hablaba en épocas de la muerte de Nisman con una mujer que, a su vez, hablaba con Pablo Barreiro, uno de los secretarios que tuvo Cristina Kirchner. Zanchetta también hablaba con teléfonos de la famosa flota que está en el ojo de la tormenta de la investigación desde un primer momento ¿Qué prueba esto? Por ahora nada. Solo que Zanchetta no es el simple periodista que dice ser. Es un hilo del que tirar también bajo la hipótesis de la muerte de Nisman.

El troyano

Otro de los indicios que da cuenta de a Nisman lo estaban siguiendo desde al menos medio año de su muerte lo marca la pista del famoso “troyano”, un malware que le mandaron a su correo. Si el fiscal no lo llegó a activar fue solo por casualidad. Su teléfono tenía otro sistema operativo. Pero no fue un virus masivo que llegó a la casilla de Nisman al azar. Los investigadores tienen por acreditado que era una redada para que Nisman cayera. Le prometía información secreta y confidencial. Y salió de las usinas de la entonces SIDE.

El dato del malware también estaba en la causa desde el principio. La fiscal Fein había rastreado una dirección IP que salía de Entre Ríos y había pedido allanar el domicilio, pero en su momento la jueza Fabiana Palmaghini lo rechazó y le pidió más detalle. La fiscalía lo hizo y volvió a pedirlo. Pero el allanamiento nunca se hizo. Quizás otra hubiera sido la historia de haberse avanzado en aquel momento.

El tema quedó expuesto ahora en una causa paralela, que también conduce el juez Ercolini. Una vieja denuncia que habían radicado en octubre de 2015 las entonces diputadas Laura Alonso y Patricia Bullrich (hoy ministra de Seguridad), en donde aseguraban que se estaban pinchado teléfonos a políticos opositores, jueces y periodistas, en una lista que incluía al entonces candidato a presidente Mauricio Macri, a su sucesor Alberto Fernández y al último candidato presidencial de Unión por la Patria, Sergio Massa, entre tantos otros.

En septiembre pasado, la Cámara Federal confirmó el procesamiento de Pablo Palá y Alexis Lesa, dos personas que se dedican al servicio informático, trabajaban para distintas reparticiones públicas de Entre Ríos y al declarar buscaron desvincularse del caso. Para la Justicia, sin embargo, fueron agentes inorgánicos que hicieron tareas de inteligencia ilegal. Se comprobó que espiaron los movimientos migratorios de Stiuso y de la ex esposa del fiscal, la jueza Sandra Arroyo Salgado. Y son los mismos que querían espiar la computadora de Nisman.

Stiuso fue uno de los que reclamó esos procesamientos. “En aquel convulsionado 2015 fui víctima de un acoso y persecución dispuesto por las más altas autoridades del país. No fui el único, otras tantas personas fueron víctimas de las mismas maniobras (con sólo tener en cuenta el listado que aparece en el inicio de estas actuaciones para advertir la maniobra y su entidad)”, dijo el ex espía. Y añadió: “Lo que aquí se demostró son maniobras que me afectan a mí y que también han afectado a la Dra. Sandra Arroyo Salgado, dato éste no menor, por cuanto no cabe otra opción (habida la fecha en que sucedieron los hechos, desde el 18 y hasta el 30 de enero de 2015) que entrelazar todo con la muerte del Fiscal Alberto Nisman”.

“Estoy convencido de que a Alberto Nisman lo mataron”, había dicho Stiuso en 2016, en la causa por su muerte. Dijo que él y el fiscal pasaron a ser un obstáculo cuando el Gobierno quería avanzar con el Memorándum con Irán. Y añadió: “Estoy seguro que Alberto era blanco” de una inteligencia paralela.

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